Se llama Alberto Carlos Fröhlich, tiene 68 años y está jubilado. Es natural de Curitiba (Brasil), y en un momento dado decidió venderlo todo y viajar solo por América del Sur a bordo de su Fiat 147.
Fueron 15 mil kilómetros en total, entre Brasil, Argentina, Bolívia, Perú, Chile, Uruguai y Paraguai. El viaje duró 45 días y fue una experiencia inolvidable.
«No tiene precio lo que viví. Fue un regalo para mi vida. He conocido personas, paisajes y experiencias espectaculares. No me importaba el dinero, era un placer lo que yo estaba sintiendo. Y jamás lo voy a olvidar».
Su compañero de viaje fue su Fiat 147, de 1980.
Alberto trabajó en circo, fábrica de juguetes, fue comerciante y hasta panadero, su vida de jubilado estaba siendo muy tranquila. «Yo quería hacer algo diferente, pero no planeé nada de esto», relató.
Alberto está casado hace 44 años, tiene 3 hijos y 2 nietos. Viajó con apenas una maleta de ropa, una caja de herramientas y una colchoneta, entre otros objetos.
Durante el viaje, bajaba los asientos y dormía dentro del coche. Visitaba campings para tomar baño y comer, raramente lo hacía en restaurantes. «Yo solo sé freír un huevo, entonces no podía pensar en cocinar. Comía en los puestos de combustibles, compraba cosas en los mercados y muchas veces me invitaban a comer. La receptividad que tuve fue impresionante», dice Alberto.
Viajó con la única compañía de su viejo coche, y eso le dio la libertad de poder comer, parar y hacer lo que le apetecía en cada momento.
El viaje no fue tal y como lo había planeado, y a lo largo de los 15.000 kilómetros tuvo algunas dificultades.
«Familia, estoy preso»
En Chile, Alberto llegó a la Ciudad de Sierra Gorda, como había conducido muchas horas se dirigió a un puesto de policía para preguntar sobre un lugar cercano para poder dormir.
Los carabineros, como se les llama a la policía en Chile, simpatizaron con Alberto y su causa, y en el mismo instante, le abrieron la puerta del patio del puesto de policía para que pudiera meter su coche y poder descansar.
«Ellos me dieron alojamiento, me indicaron donde podría tomar un baño y me invitaron a una cena típica chilena, fueron tan solidarios y generosos que cada vez que pienso en ello me emociono».
Esa misma noche, los carabineros hicieron una video llamada para la familia de Alberto. «Ellos quisieron saludar a mi familia, cuando aceptaron la llamada me vieron rodeado por los policías, -Estoy preso-, les solté sin pensarlo… (risas), ellos se asustaron mucho. Fue muy gracioso, al menos para mí»
Viajar 15.000 kilómetros por América del Sur sin más compañía que un mapa y un viejo coche da para contar muchas historias y experiencias.
«He sentido la energía de cada lugar en el que he estado, he conocido tanta gente generosa y solidaria que me emociono con solo pensarlo. Puedo decir que he vivido de verdad, fue algo mágico, la mejor experiencia de mi vida».
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